CREO QUE UNA BREVE NOTA biográfica no está nunca de más al frente del catálogo de una exposición individual, porque sitúa al artista en el tiempo y en el espacio. Pedro Díaz Extremera nació en Madrid el 29 de julio de 1949. Es, pues, jovencísimo y su primer,: juventud ha discurrido en el ambiente de inquietudes artísticas del Madrid de la post-guerra. Recibió "el oficio" en el taller de un buen pintor: Demetrio Salgado. Apenas iniciada la tercera década de su vida es ya "él mismo", con una manera personal e inconfundible de concebir la pintura.

HA EXPUESTO reiteradamente en exposiciones colectivas e individuales, estas últimas en las salas más prestigiosas. Y ha tenido la fortuna de que se haya hecho de su obra una crítica infrecuente: la que deja aparte los patrones habituales, aplicables a cualquier pintor y estudia la versión en que el artista ha volcado su mundo interior con sincero afán de comprender. Yo confieso que puedo añadir muy poco a lo que han dicho de Extremera espíritus de la finura de José Hierro y de Augusto García Viñolas. "Las cosas no pesan - escribe el primero- ni tienen apenas volumen; son un pedazo de la realidad disuelta en la luz comprendida por un relámpago fugaz. Una pintura que se sitúa al otro lado de la arquitectura y muy próxima a la música, porque, como ésta, aspira a ser arte del tiempo más que del espacio". Augusto, por su parte, escribe: "Despojar de abalorios la realidad y llevársela muy lejos de su natural insolencia, allí donde sólo es ya el espectro luminoso de sí misma, requiere tacto y sensibilidad, pero también exige dominio y rigor".

NO HAY, a mi juicio, impresionismo en las naturalezas muertas y en los desnudos de Extremera, porque el impresionismo no es sino una nueva manera de buscar la realidad. Hay poesía, que rodea de un hálito de espiritualidad no solamente la maravilla del cuerpo humano, sino las cosas más humildes, que el artista contempla con amor franciscano. Hace poco hemos admirado en Madrid obras maestras de una escuela hoy un poco preterida: la de los simbolistas franceses de la última década del XIX. No hay la menor voluntad de coincidencia entre el pintor madrileño y Carrière o Puvis de Chabannes, pero si un común anhelo de poner en todo poesía y música.

EL MARQUES DE LOZOYA